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El primer error habitual es empezar con demasiada intensidad el día que te encuentras bien. La progresión en dolor crónico se mide en semanas, no en sesiones.
El segundo es esperar a no tener dolor para moverse. La evidencia apunta justo a lo contrario: dosis pequeñas y regulares de movimiento reducen la sensibilización.
Empieza por respiración y movilidad suave cinco minutos al día. Cuando eso sea fácil, añade. Y ten preparada una práctica corta para los días malos: la constancia importa más que la intensidad.
